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EL LUGAR DE LA PSIQUIS

sábado 03 de marzo de 2012, 12:23:01 PM

 

 

“de lo que no se puede hablar, mejor es callarse” 

Tratado Lógico filosófico Wittgenstein L.

 

 

Hace un par de meses mencioné que tratar de encontrar  las estructuras psíquicas en el cerebro era tarea bastante difícil para las neurociencias y que me seguían pareciendo bastante satisfactorias las explicaciones del psicoanálisis a pesar de su aparente imposibilidad de replicación que lo alejaba del pensamiento positivista dominante.

 

En medio del debate entre los neurólogos  y biólogos por un lado y los fenomenólogos y psicoanalistas por otro, sobre la biología y el psiquismo,  un grupo de los primeros ha empezado a acercarse en sus posturas considerando validas la lectura de lo biológico que involucra al cerebro y al genoma como un registro escrito del medio físico, pero también en alguna medida de lo social e incluso de lo simbólico, que se imbrican con  la cultura, la psiquis y el espíritu, con sus significados y valores que también escriben a su manera las condiciones biológicas del cuerpo, en una suerte de  relación compleja de determinación mutua, como dice Galende.

 

La inclusión dentro del grupo del elemento comercial aportado por la industria farmacéutica, que con su poder económico restringe la actuación de los neurobiólogos al desarrollo de nuevas drogas y a la utilización clínica de los psicofármacos reduce lo humano a un cuerpo sin subjetividad, autonomía o creatividad.

 

Cuando el investigador limita su accionar a tratar de hacer objetivos los comportamientos, las emociones y el carácter no estamos avanzando sino retrocediendo a los tiempos de Lombroso que hace dos siglos trataba de mostrar que las “causas” están en el cerebro (hoy en día las redes neuronales) y que al conocerlo (o conocerlas) podemos controlarlas.

 

Este acercamiento olvida que el tratar de responder de manera “científica y objetiva” a cuestionamientos filosóficos, solo constituye una de las muchas interpretaciones posibles, lo cual podría ser útil para el desarrollo de propuestas mas integrativas que tengan en cuenta lo cultural y el mundo social.

 

Si consideramos el cerebro humano como una computadora gigantesca que solo produce información a partir de datos introducidos en ella, se obvian los planteamientos morales, la interacción con el otro y el ambiente, la historia y la vida social.

 

Ya un ejercicio clínico descriptivo de León mostraba hace cuarenta años como los delirios se modificaban a lo largo de los años no solo entre los diferentes pacientes que supuestamente compartían igual daño, sino también en un mismo sujeto, aunque el sustrato biológico de su enfermedad permaneciera invariable.

 

Un elemento clave que debe considerarse en este asunto del cerebro como computadora es el papel del azar, del ensayo y error, de la posibilidad de adaptación y de plasticidad del sustrato que permite diversas respuestas en situaciones similares o lo contrario, en los casos en que se repite la acción a pesar del aprendizaje, hechos que refuerzan la existencia el elemento subjetivo como quiera que se le llame… o como si fuera necesario.

 

Así, hallazgos eventuales de importancia relativa como los cambios elementales biológicos y físico químicos de los procesos mentales podrían aportar y construir un discurso integrativo que no ha sido escrito pues las posiciones tradicionales bloquean cualquier acercamiento, olvidando en el caso del psicoanálisis los postulados históricos de su precursor y los pedidos de Descartes que insistía en construir un tercer discurso que pudiera dar cuenta del hombre en su mundo real. 

 

Hasta ahora la ventaja la toman los conglomerados económicos que aprovechan el conocimiento nuevo para mistificar el poder de la información, lo que les permite construir un discurso de enfermedad en el que cada elemento biológico aportado puede ser utilizado para idear nuevos y costosos fármacos que permitan solucionar problemas inventados por ellos mismos o consecuencias de los medicamentos previamente usados.

 

Los desarrollos de plasticidad neuronal derivados de los trabajos de Kandel a finales del siglo pasado, que han abierto la puerta de la neuroplasticidad y la epigénesis que amplían el conocimiento en áreas como el aprendizaje y la memoria, permiten elucubraciones sobre la sincronía y el estrés, de importancia en elementos analíticos claves como los “puntos de fijación libidinal” y la “compulsión en la repetición”.  

 

La burla de lo biológico que realizan algunos psicoanalistas y fenomenólogos deja en el tintero lo expresado por Ricoeur: “…mi cerebro no piensa, pero cuando yo pienso, ocurre siempre alguna cosa en mi cerebro. ¡Hasta cuando pienso en Dios!”

Publicado por Ivan | No hay comentarios

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