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GRACIAS DE PERRO

lunes 08 de agosto de 2011, 01:35:20 AM

Mi padre sale poco pero observa todo desde su ventana.  Ayer estaba apoyado en el alféizar cuando vio bajar por la acera a una anciana con su poodle. La señora caminaba detrás del perro sin apresurarse, hasta que finalmente el animal hizo su necesidad en el andén. Ella se agacho, recogió con cuidado el popó con una servilleta y luego de doblarla cuidadosamente, se la entregó al can  que la llevó amorosamente en el hocico, siguiendo su camino hasta perderse en la esquina.

En  mi visita diaria a la casa de mis padres, esta anécdota me recibió como algo asombroso que había pasado durante el dia y me puso a pensar varias cosas diferentes al prodigioso amaestramiento del cachorro que podía cargar su propio excremento. 

Usando la asociación libre, recuerdo que el año pasado, cuando saqué por primera vez mi cachorra al parque, estaba más emocionado que un niño pequeño hasta el momento en el que se agachó a orinar en medio del prado. No soy alguien muy amistoso que digamos, pero cuando se acercó una señora, le dediqué mi mejor sonrisa de feliz propietario de perro fino. La señora me espetó: “¡Buen dia! ¡Soy la presidenta del comité de excrementos de la Junta del Barrio! ¿Su animal es perro o perra?”. No supe que contestar ante tamaña sandez y la señora prosiguió: “¡Es que el animal se agachó y como no le vi a usted recoger el excremento, quise informarle de nuestra existencia para vigilar la adecuada recolección y preservación ecológica del barrio!”. No podía creer tanto disparate e intente seguir adelante, pero la señora me cogió del brazo  y solo atine a decirle: “Señora, las hembras de todas las especies se agachan para mear”.

La señora se quedó callada y lentamente me pasó una hoja de papel membreteado en el que decía: “Reglamento de recolección de popó de perro del vecindario del parque del Búho Soñador”. Me fui leyendo y decía entre otras cosas que la primera vez que el dueño fuera encontrado en la embarazosa situación, seria amonestado verbalmente, pero que luego se tomarían fotos del transgresor que serian expuestas en lugares públicos de la comunidad para escarmiento y ante las siguientes episodios, sería llamada la policía ecológica al sitio del ilícito.  Desde entonces y previendo que soy poco fotogénico, llevo conmigo unos pedazos de papel higiénico siempre que salgo al parque.

El asunto citadino de la disposición del excremento de perro se ha convertido en una de las  preocupaciones de las autoridades por las frecuentes disputas entre los vecinos por las mierdas frescas en la calle.  En el parque frente a mi apartamento los letreros espontáneos de los vecinos con esta inquietud, instando a los dueños de perros a recogerla, han derivado desde mensajes de agradecimiento hasta extraordinarios fotomontajes en que aparece el animal recolectando su propio excremento con una escoba, acompañados de letreros insultantes a los dueños. 

Esta mañana cuando saqué a mi perro, llevando en la mano el papel higiénico con el cual planeaba recoger sus desechos, me empezó a inquietar la duda sobre la cantidad de papel que se necesita para envolver la plasta.  Revisé y traía sin pensar  diez cuadros de servilleta, así que me senté a hacer mis cálculos inocuos.

Si en  mi ciudad hay un perro por cada cuatro personas, estamos hablando de quinientos mil perros mal contados. Ahora bien, si ese ejercito de perros deposita sus gracias unas dos veces al dia en promedio y suponiendo que solo la mitad de ellos tienen dueño y de estos solo la mitad se han sentido comprometidos a limpiar las calles y andenes de esta suciedad, nos encontramos ante unas doscientas cincuenta mil plastas de perro que son recogidas de buena o mala gana por los propietarios, diariamente.   Pero si todos usan en promedio igual número de pedazos de servilleta, la cifra final es de unos doce millones de pedazos de servilleta utilizados diariamente para limpiar el excremento de una cuarta parte de los perros de la ciudad. 

Con estos cálculos en mente, preferí no dejar el popó de mi perro en la caneca habitual y mas bien corrí al baño de mi casa, me metí a la alacena y haciendo caso omiso de las quejas de mi esposa y de mis hijas, movido por mi espíritu investigativo, desenvolví un rollo nuevo de papel higiénico corriente.  Para mi sorpresa, el rollo tenía poco más de doscientos pedazos.  Ya mi cabeza empezaba a dar vueltas y preferí ir por una calculadora de bolsillo para llegar a la fantástica conclusión: para limpiar la mierda de una cuarta parte de los perros de mi pueblo, se gastan sesenta mil rollos de papel higiénico al dia.

Como la investigación no podía quedarse allí, llame al Carrefour y sorprendí a la empleada de atención al usuario con la pregunta más rara que hubiera oído nunca: ¿señorita, me puede decir cuántos rollos de papel higiénico caben en un camión de transporte? Pero la mujer no se arredró y después de algunos minutos, me explicó que cada camión traía doscientas pacas de 24 rollos en su interior.  Volví a mi calculadora y llegué a la segunda verdad: se necesitan 125 camiones para transportar todo ese papel.  Ingresé al terreno pantanoso de las hipótesis, así que fui a la cocina y cuidadosamente envuelto, sin dar mayores explicaciones, pesé, en la gramera que nunca usamos, el paquete que traía desde el parque: ciento cincuenta gramos toda la envoltura y el contenido. Cuando hice la conversión, llegué a mi tercera conclusión: el total de basura que se produce por esta rutina de recoger el popó de perro en mi ciudad, es de 37 toneladas.  De nuevo fui al teléfono y llamé esta vez a  la empresa de aseo. El señor que me contestó me dijo sin dudar: cada camión recolector lleva en su interior seis toneladas de desechos y debe ir hasta el basurero que queda 70 kilómetros fuera de la ciudad.

La gran conclusión es que para recoger el producto solido de la cuarta parte de los perros de la ciudad, se necesitan diariamente 6 camiones recolectores repletos hasta el tope, que deben recorrer en total 420 kilómetros. Me acerqué al teléfono y hubiera logrado llamar a la empresa vendedora de camiones y al servicio de transito municipal para saber cuánto combustible gastaban los camiones y cuál era el índice de polución que producían, pero mis hijas me agarraron de la camiseta y empezaron a amenazar con llevarme al hospital psiquiátrico en el que trabajo, en plan de paciente.

De todas maneras, ahora pienso que esta investigación ha sido bastante productiva y con este argumento en la cabeza, esta tarde llevaré mi perro al parque pero no pienso contaminar mas ni hacer entrar en gastos innecesarios a la administración municipal y solo tendré buen cuidado de  peinarme antes de salir.  

Publicado por Ivan | 1 comentario

Comentarios

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  • Luis dijo:

    Relajante

    Jue 29 Sep 2011 14:58:44 COT

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