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LOS PARIAS DE LA EDUCACIÓN

lunes 01 de octubre de 2012, 03:03:57 PM

 

LOS PARIAS DE LA EDUCACION

 

“Profesor que huye de las balas en el Arenal permuta por profesor regañado en el colegio de ballet”

 

Un collage de anuncios de cambios es lo que necesitamos, doctor.  Porque el encargado de hacer los traslados no sirve para nada. No merece otro nombre ¿Cual Secretario de Educación? Si la plata viene de Bogotá y él lo único que hace es firmar para que el banco la distribuya entre los colegios. Y mamar gallo los tres primeros días para que el dinero gane algún interés, que es el negocio de él.

 

Allá ya saben, y los del sindicato también. El último dia del mes llega el billete. El primer dia todos estamos esperando, pero él no se aparece por la oficina porque está reunido con los del sindicato  por los lados de los veraneaderos viejos de Jamundí, donde se bailaba salsa de Piper y Fruco y se tiraba piscina en los ochenta.  Toman cerveza todo el día y echan cuentos. Al otro dia llega a la oficina como un volador sin palo. No saluda a nadie. Yo le digo porque lo he visto. Estos seis meses en esta oficina infernal han sido todo un aprendizaje. El  hombre no vuelve a salir. Uno lo ve hablando por teléfono y riéndose solo toda la mañana.

 

En la tarde los del sindicato empiezan  a trabajar. Antes la secretaria de la oficina del Sintev se la pasaba llamando a todos los rectores y directores para decir lo mismo, que no dieran clase. Pero ahora es más fácil. Solo se envía un correo electrónico y ya tienen las direcciones electrónicas grabadas.  Como son tantos, a veces toca mandar varios porque el filtro de spam dice que es un virus. Es increíble como ese autómata puede ser tan acertado. Ja, un virus. Eso es lo que es.

 

Hasta le tienen un nombre, doctor. Se llama: “Operación cobremos”.  En todo caso, los padres de familia piensan que nosotros ese dia no trabajamos. Algunos mandan a los estudiantes porque no saben que ponerlos a hacer en la casa, entonces las dos horas que el muchacho tarda en ir y volver contribuyen a empastelar el dia. Otros simplemente ese dia no lo levantan, es dia de asueto.

 

El tercer dia por la mañana, todos los maestros nos reunimos a gritar donde nos diga el sindicato.  Sin ganas, doctor, porque esa es la parte que nos toca a  nosotros. Y a los del Esmad, los robocop del gobierno, que saben que tienen que salir a frenarnos en la esquina del parque.

 

Antes eran más bacanas las marchas. Los mamertos gritaban consignas revolucionarias. Vivas a Gaitán y después a Fidel, pero ahora ya no hay a quien.  De vez en cuando alguno grita por Chávez pero son más los que se ríen que los que creen. Yo imagino que es igual cuando una obra de teatro ha durado muchas funciones. Una zarzuela, doctor, aunque yo nunca he visto una. El actor ya recita en automático y la emoción se pierde. 

 

Cuando estábamos jóvenes y creíamos en la revolución socialista, los líderes gremiales salían con unos discursos de horas y uno los escuchaba alelado.  El dia del trabajo o el dia del profesor, que hacíamos marchas aunque hubieran pagado, salíamos no mas por oír a los directivos del sindicato y a la gente que mandaban de Bogotá, eso sí era teatro del bueno.

 

Uno podía quedarse horas al sol, gritando cada vez que los agitadores del Sintev levantaban la mano.  Porque de verdad creíamos en esto. A veces alguno pagaba la entraba con un bolillazo en la cabeza, pero eran gajes del oficio.

 

Por la tarde el secretario finalmente dejaba de hablar por teléfono y abría la puerta para que pasaran los encargados de nomina. El banco solo esperaba la orden y daba permiso para hacer la dispersión de fondos.  A eso de las dos o tres de la tarde del tercer dia alguien iba al banco y decía que ya habían pagado y todos nos íbamos a hacer cola. Nadie se iba para el colegio. Ese era dia de mercado.

 

El cuarto dia, los estudiantes entraban en acción, casi siempre cuando el   secretario de turno andaba como mal de plata y necesitaba unos centavos más.  Entonces soltábamos a los estudiantes, pero casi siempre terminaba mal, porque a ellos si les tenían ganas los del Esmad y siempre tocaba correr por la mitad  del parque, en medio de los gases lacrimógenos y las papas bomba.

 

Pero uno se va aburriendo de esta vida tan rutinaria. Es mucho el estrés que se acumula cuando uno sabe que tiene que vivir así treinta o más años para que finalmente lo pensionen por vejez y en el colegio antes hacían una reunión y le daban a uno un reloj dorado,  alguno de los muchachos declamaba y lo sacaban a uno llorando del colegio, con pañuelos blancos y cantando “Tu eres mi amigo del alma” y cosas de esas. 

 

Ahora ni eso. Cuando mucho alguno de los profesores que están en las mismas de uno lo lleva a beberse unas cervezas, pero es que como hay tanta gente esperando el puesto de uno, empiezan a hacerle la vida imposible en el colegio. Le dan todas las horas, le dan la dirección de un grupo de repitentes y lo ponen a dictar educación física al medio dia. Todo para que uno se vaya rápido, pero nada, a uno le gusta la educación, pero como antes, cuando en el colegio todos éramos como hermanos que sabíamos lo que teníamos que saber y cada uno tenía su lugar, no lo irrespetaban como esos estudiantes que van al colegio de pura bacanería, a embarazar muchachitas y a vender vicio.

 

Pero todo se aguanta, doctor, excepto cuando el rector empieza a joderlo a uno por las llegadas tarde. Que si llega dos o tres minutos tarde o que si tiene que ir a donde el médico y resulta que es en mitad de la jornada porque los médicos lo citan a uno siempre en mitad de la mañana y se pierde todo el dia, entonces le toca reemplazarlo a uno al coordinador y ese es el acabose. Uno se lo gana. O cuando uno de los muchachos molesta hasta que se gana un reglazo o un empujón y se viene el disciplinario. Porque atender cincuenta muchachos que hablan al tiempo es muy verraco, doctor. Y uno es hombre, se le salta la piedra ¿O no?

 

Entonces solo caben dos posibilidades: Unos van a donde el sindicato a que los cambien por supuestas amenazas de las directivas o de los padres de familia y otros van donde el psiquiatra a que los declare enfermos. Usted los manda donde el médico laboral y este remite una carta a la oficina de la Secretaría. Pero la mayoría de las veces ya el rector lo ha descargado a uno. Entonces toca ir al piso sexto. La oficina infernal.

 

Yo no quise ir al sindicato, porque sé que le piden a uno plata para ayudar y entonces me vine para acá, pero es que venir acá es muy verraco doctor.  En el letrero de la puerta se ve su nombre y su especialidad pero en realidad uno lee: “Ingrese al mundo de los peperos”.  Luego me voy para la Secretaría con todos los demás “Sin car” o sea “sin carga académica”, que tenemos que marcar tarjeta todos los días en la oficina, pero no tenemos nada que hacer el resto del dia hasta la una de la tarde y eso les da una rabia a los que están allá porque a ellos si les toca esperar hasta completar la jornada a las cinco de la tarde.

 

Pero es que ellos no entienden la angustia que le da a uno. Porque después de hacer la cola para firmar, no hay nada que hacer. Solo hay tres sillones que son para los visitantes y los demás nos quedamos sin saber qué hacer. Yo los miro a todos. Una parrandada de peperos, eso somos. “¿Como estas?”, me dicen. “Estoy fluoxetino”, les digo. Toca ponerle humor a esto. Cuando alguien está confundido uno le dice “¿Oís, hoy como que no te tomaste el medicamento?” Lo asumo así. Así es la vida.

 

Yo creo que todo es culpa de la política y la corrupción. Si el tipo que tenemos encargado engordando y esperando cada mes poder sacar una platica de la que manda el gobierno se pusiera a hacer los cambios y nos reuniera a todos y nos dijera “Usté se va para acá y Usté para allá”, entonces todos nos íbamos contentos, porque todos lo que queremos es trabajar en buenas condiciones y que nadie nos joda mientras nos jubilamos. Pero no. Toca esperar horas en esa oficina o bajar a darles maíz  a las palomas a la plaza, esperando que llegue el momento de firmar la salida, para que no lo frieguen por abandono de cargo. “¿De cuál cargo?” Digo yo. “Del cargo de paria de la educación”, me respondo.

 

Concepciones despreciables, los que se jubilan de otras profesiones los llaman en otra partes, pero en la educación pública  los que tienen el capital del conocimiento acumulado no los necesitan. “Jubílate y lárgate”. Y  eso que uno a los sesenta y cinco  todavía es un niño en el Japón.

Publicado por Ivan | No hay comentarios

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